Entrevista a Rafael Nieto

Soy padre de dos hijos y profesor de ciclos formativo y de ESO. Antes de ser profe, siempre había trabajado en recursos humanos y antes de ser padre, no tenía hijos.
Llevo gafas para ver de lejos, pero desde hace poco tiempo, no veo bien la letra pequeña de cerca. No pienso ponerme otras gafas para ver de cerca porque eso es de personas mayores. Y yo estoy seguro de que no soy mayor porque me encanta leer y escribir libros infantiles y juveniles. También me gusta leer novelas de mayores, el chocolate negro y la tortilla de patata. Pero no juntos. La tortilla y el chocolate, digo.

Un libro de cabecera para los niños es...

Difícil pregunta porque creo que no hay un libro de cabecera para niños, sino que cada niño tiene que descubrir el suyo. Será un libro especial y le hará amar la lectura. No debemos imponer un libro porque nos guste a nosotros, tenemos que tener en cuenta sus inquietudes y gustos. Son personitas.
Yo recuerdo con especial cariño algunos libros que leí de niño: Súperzorro, Tomás el espantapájaros, El pequeño Nicolás, Los Cinco…hay tantos...

¿Qué libro es el último que has leído?

Reina roja de Juan Gomez-Jurado. Una lectura que atrapa y no puedes parar de leer.
De literatura infantil: El apestoso tío Muffin de Pedro Mañas. Todo un descubrimiento. Recomendable. El estilo me recuerda mucho a Roald Dahl

¿De dónde surge la idea de escribir una novela de fantasía?

Una de las actividades que tenía que realizar para un taller de escritura creativa era escribir un pequeño cuento en el que conviviera fantasía y realidad. Escribí un relato corto de dos o tres hojas, pero a diferencia de otros muchos relatos esta historia continuó en mi cabeza. Me resultaba divertido imaginar a un guerrero elfo recién llegado a nuestro mundo convertido en canguro de un niño, paseando por las calles de Madrid y comiendo chocolate con churros.

¿Puedes contarnos alguna curiosidad sobre El secreto de Marcos?

Es una novela para niños a partir de 10 años, pero que también leen los padres. Incluso adultos que no son padres.
Otra curiosidad con respecto otras novelas de fantasía es que además de las criaturas habituales del género fantástico como elfos y duendes, aparecen otros seres de los cuentos de nuestras abuelas o propias del acervo popular como gamusinos y el hombre del saco. Además, presenta un mundo real y cotidiano con el que creo se puede identificar el lector.

¿Cómo fue el proceso creativo de El secreto de Marcos?

Me resultó muy divertido dar vida a personajes y crear un mundo fantástico, pero también me requirió mucha dedicación y esfuerzo.
Este esfuerzo se ve recompensado con creces cuando te encuentras con lectores. Me encanta visitar colegios donde han leído el libro. Es muy gratificante.

¿Dónde escribes? ¿Tienes un lugar concreto donde trabajar o por el contrario te inspiras en cualquier lugar?

No tengo un lugar concreto donde escribir. Solo necesito el portátil y no ser interrumpido durante el tiempo que estoy trabajando. Con hijos encontrar este momento, a veces, resulta complicado. En vacaciones de verano me he levantado muchos días a las seis de la mañana para trabajar en el borrador del próximo libro. Mi hija pequeña no entiende que en vacaciones no hay que levantarse a las ocho de la mañana.
La inspiración llega en cualquier lugar. Yo me encontré un duende en el Parque de el Retiro de Madrid. (Sí, tú también puedes encontrarlo. No es duende que solo vea yo)

Cuando vas a comenzar a escribir ¿dejas que fluyan las ideas libremente o planificas previamente todo?

Hay escritores de brújula que con una ida de argumento se lanzan a escribir y escritores de mapa que necesitan tener todo planificado. En El secreto de Marcos yo fui escritor de mapa de Metro. Un nuevo tipo entre el escritor de brújula y el de mapa. Me explico, tenía un mapa muy esquemático, me dejaba sorprender en las estaciones y en alguna ocasión hice algún transbordo que me parecía muy atractivo, pero que no me llevó a ningún lugar.
Acabé con un borrador de novela que tenía mucho más de 100.000 palabras. Demasiado larga para novela de niños de 10 años (Harry Potter y la piedra filosofal según internet tiene 77.000 palabras). Dicen que una novela se acaba, no cuando no tienes nada que añadir, sino cuando no tienes nada que quitar. Mi libro se quedó con 75.000 palabras.
He aprendido la lección. Mi próximo libro está perfectamente cartografiado.

¿Qué autores han influido a lo largo de tu vida a la hora de escribir?

En El secreto de Marcos, seguro que muchos más autores de los que soy consciente. Hay influencia de autores de relatos de intriga y aventura y aunque es un libro de fantasía tiene más de Manolito Gafotas de Elvira Lindo que de Harry Potter de J.K. Rowling. Son tantas las influencias que creo que quedan diluidas en el libro.
En cuentos infantiles como en Historia de un calcetín desparejado, sin duda, me han influido los geniales Pablo Albo y Daniel Nesquens a los que admiro por sus historias divertidas y disparatadas.

¿Te inspiraste en alguna persona real para crear algún personaje de El secreto de Marcos?

Si Isidro, el vecino jubilado de Marcos, está inspirado en una persona real… a la que no conozco. Un señor mayor que tomaba un café en una terraza de Madrid Río cerca de mí. Iba vestido elegante y contrastaba con el resto que vestíamos ropa deportiva. Yo buscaba un personaje que no encontraba para cumplir una función muy pequeña, pero que debía encajar con el enigma y apareció él. Pero no solo cumplió esa función pequeña, sino que se quedó para acompañar un poco más al guerrero elfo y al niño. Es uno de los personajes a los que tengo más cariño.

¿Tienes algún proyecto nuevo entre manos?

Sí. Estoy escribiendo el primer borrador de la segunda parte de El secreto de Marcos. Todavía no tiene nombre. Estoy muy ilusionado con la historia. Hay más aventuras, humor y fantasía, pero sobre todo hay más misterio. Un guiño a las novelas clásicas de Agatha Christie que tan buenos ratos me hicieron pasar en mi adolescencia. Marcos vuelve Alistea. Nada será fácil para él en un pueblo de elfos. De momento el borrador comienza así: «Hasta que descubrí quién observaba nuestra ventana desde la calle, creía que la peor sorpresa que me podía llevar el día de mi cumpleaños era el regalo de mi abuela de Getafe. Estaba equivocado. Muy equivocado. No te puedes imaginar cuánto». Y hasta aquí puedo leer.

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